martes, 10 de febrero de 2009
jueves, 13 de noviembre de 2008
LA CORNISA (Delirio con tintes dramáticos,muy cercano a lo esquizoide,con guiños al mundo psi,y al mundo en general)
Un salto al vacío. Un suicidio, dos suicidios, otro salto al vacío.Una vida al límite, la vida así al límite, siempre al borde del rompimiento, a punto de quebrarse en pedazitos. Caminando en la cornisa, en el filo de la muerte, un destino hacia la nada, al precipicio, una caída libre, una caída sin paracaídas, sin protección, sin condón, no hay cinturón, tengo miedo, caída sin sentido, caminando el borde, sin mirar abajo, un grito ahogado, caminar sólo caminar, en linea recta pero siempre caminando, de vez en cuando hacer un trabajo rudo,los músculos viejos, las arrugas bien formadas. No hay sentido, nada tiene sentido, otra vez el trabajo rudo, otra vez y la espiral, la hipérbole, la conexión, la electricidad, la mónada, la caída libre, el borde siempre ahí, la punta, las manos en la pared y los ojos como sean. Las locuras y las lógicas, el precipicio siempre atento, la caída que no acaba de ser caída,la mente, los rizomas, lo rizomático, las lenguas que no cesan, el doble, la doble cara, el otro siempre el otro, la subjetividad, lo subjetivo, lo indisciplinado, la totalidad, nada, otra vez las lógicas, lo magmático, el magma, las colectividades,sociedades, las arrugas otra vez, cada vez mas marcadas, lo oblicuo pero siempre a la espera del borde,el suicidio, rizomas, atento a la caída, el filo, caminar en redondel, volver al precipicio, un pie, dos , tres, el vacío, las monadas rizomáticas, lo inconexo y la cornisa, pitágoras, castoriadis, lo griego y lo francés, el punto de quiebre, el espacio, la lanza, suicidio, rescate otra vez, el peso, caminar la cornisa, el pecho, el sentido debilitado, caminar en espiral, lo oblicuo, la explosión y las tribus, lo tribal pero siempre lo lógico, el apunte, el quiebre y la peste, pero el borde, lo tangente, el otro, yo, lo indígena, las venas, el punto de atracción, líneas, el punto, el teatro, Artaud, el idioma inglés, las lineas bien trazadas, lo volcánico como punto de referencia, caminar y respirar en la cornisa, estiramiento tras estiramiento, de vez en cuando un trabajo rudo, un beso pero siempre el rizoma, el magma , la lógica, los puntos, el escalón, Beckett, el idioma inglés otra vez, el drama, sicodrama, la contradicción,el sexo pero olvidado, el quiebre y la mente, las venas y las termitas, los rayos en el cerebro y el bombeo del corazón, de vez en cuando las máquinas, la altura y su caída, siempre el vacío, no hay lógica, sentido,vacío, ciudad, ciudades, lo lleno y lo complejo, el sin sentido, siempre la caída en espiral, lo oblicuo, ahora si la disciplina, las disciplinas, el arte en general, pero caminar sobre la cornisa en soledad, la pintura, el feto con el rizoma, el huevo otra vez y otra vez, el tiempo.El caos, rompimiento pero con rompimiento con dos bordes, creación, trabajo, duelos, no hay duelos, el punto fijo y el tiempo o los tiempos, una, dos, tres lenguas, los hombres, lo femenino y lo masculino, etapa anal y fálica, siempre el vacío, lo vacío, corre el tiempo, lo clásico en la música y el movimiento, el folcklor, pero la cornisa,el quiebre, las arrugas,la piel , la vida, eros, tanatos, otra vez el tiempo, aburrimiento, la sangre que golpea, ausencia, cuerpo y dolor, sin querer decirlo, trabajo, dominio pero ahí está la cornisa.
viernes, 19 de septiembre de 2008

RELATOS
Dicen que en el norte está luchando Villa, y en el centro del Pais, Zapata se alzó también en armas. Por aquí, en estas tierras secas del bajío donde el sol con sus rayos ultravioletas veraniegos atraviezan los sombreros de los guanajuatenses, me conformo con que aparezca Obregón de tanto en tanto.
La última vez que sentí que perdí la memoria, fue hace un año, bueno al menos eso me ha hecho creer mi mujer. Yo opino lo mismo, afirmo que a ella también la pescó el alzheimer o la falta de irrigación al cerebro, no importa, lo que interesa es saber quien empezó primero con todo esto, si el huevo o la gallina. La razón es muy sencilla: Existe un mal para el que ha nacido, crecido y vivido por años en Irapuato. La locura no es sólo mía, la adopté como propia recién cuando Diaz con sus hombres vino a implantar el terror en la región, pero el pueblo entero ya la tenía desde antes. Por eso y por otras razones decidí escribir historias. Tengo varias, todas entremezcladas, tantas como vidas existen en esta tierra donde vivo; como aquellas mujercitas que dan vueltas por la plaza siempre en un mismo sentido y siempre con el mismo vestido de domingo. Las noticias grandes e interesantes no nacen aquí en el pueblo, provienen de la capital que según dicen es la región más transparente, pero ni siquiera de esas fuentes yo tomo inspiración, todo surge en mi cabeza. Ahora por ejemplo, será la hora en que mi mujer y yo nos sentemos a comer, esta vez quiero verla desde el resquicio de la puerta de la cocina, en esta ocasión la llamaré de otro modo, la llamaré Mabel, cada vez que me dirija a ella la nombraré Mabel, la tendré en cuenta durante toda la comida como otra persona, no como mi mujer. Mi esposa es descendiente de griegos y yo de italianos; tal vez nuestros abuelos no tuvieron nada que ver para que la frase de, sufragio efectivo, no reelección, de Madero este dando fruto en forma de revolución, pero los españoles y sus hijos inmediatos radicados por estas tierras, sí. En la sobremesa escribo:
"Mabel, mujer que va rayando los sesenta, discute con su hija de veinte años como todos los días, la hija con rasgos más parecidos a los de un padre que nunca la ha reconocido como parte de él, reclama a su madre la forma mitomaniaca de ver el mundo"
Ese pequeño pasaje que acabo de escribir es sólo para demostrarle a mi mujer que a mí la revuelta no me interesa y aclararle que el orden de los sentidos en toda narración no altera el producto de la misma. Trato de recordar cuando fue que empezé a crear a Mabel y a su hija, no lo sé con exactitud, sólo sé que fue hace varios años. Mi esposa sabe bien la fecha en la que comenzé a escribir, ya que ella me leé todo en voz alta. Esa vez saca de un cajón un pequeño manuscrito, lo abre y leé:
"No solo Mabel y su hija discuten todos los días, también suelen aventarse cosas de la casa, como platos o jarrones; la madre está harta de dar explicaciones sobre el padre, o más bien no quiere hablar más. La hermana de Mabel que vive en la casa de al lado, es la única que sabe con detalle lo que le paso al padre de la chica; ella es la única que sin mentiras se atreve a abrir la boca; pero todo esto no deja de tener un ligero sabor a chisme"
Mi mujer se calla y cierra el manuscrito, con esa hermosa voz que tiene siento que me mata de a poco. Quiero dejarlo plasmado todo en estos manuscritos, al fin y al cabo mi vida es tan absurda, y creo que la vida de Mabel, su hija y la hermana de Mabel también. Todo lo veo en forma cuadricular, como si en cada paso que se diera estuviera presente siempre la muerte, mi muerte. Observo a las personas que transitan en este pueblo como si tuviera un pedazo de cristal frente a mis ojos, las mujeres visten con grandes vestidos de ampulosas crinolinas, y los varones usan corbatines pequeños y bastones de madera.
Pienso en mis siete hermanos y en mi madre, analizo todo el sufrimiento que deben estar padeciendo gracias a esta revolución; me acuerdo de ellos porque hace mucho que no los veo.
Es de noche y se presta para escribir, pero mi esposa interrumpe mis pensamientos con una noticia que le contaron en la calle: Un grupo de soldados entró a una casa en las afueras de Irapuato.Irrumpió en el lugar de forma violenta. Una niña de seis años, atada de pies y manos a un banquillo, observa como un soldado de forma brutal viola a su nana de cincuenta años. Hay un silencio, el relato que acabo de oír me dejó sin palabras, siento que mi mujer sabe más cosas, que sólo me contó una parte de lo que a ella le contaron.
En la radio de mi casa se escucha a Edith Piaf; a parte de escuchar todo el tiempo música popular mexicana, se puede apreciar buena música proveniente de Europa. Yo sólo sé que soy un instrumento para algo, no sé bien para qué, pero sé que soy un instrumento. Creo en ocasiones que tengo tantas arrugas en mi cara como ríos hay en este planeta. Lo que tengo claro es que he llegado a entenderme tal y como soy. Mabel, la hija, la tía, el relato del soldado que viola a la vieja, la revuelta.¿Qué significa todo esto en mi vida? Me pregunto cual es la verdad y cual es la ficción. En cuanto a los caudillos de esta causa con el que más simpatizo es con Obregón porque se dice ser auténtico guanajuatense. Si tan solo pudiera hacer comparaciones, comparaciones entre lo que he escrito y las balas que se están gastando en esta revolución, pero me parece completamente inútil. Yo sé que mis personajes sacados quizá de algún vaudevil no pueden confrontarse cara cara con Villa o Zapata. Lo que sé es que tengo un sueño recurrente que viene a aclarar el sentido de mi existencia. En mi sueño soy joven y atlético, trabajo para una empresa constructora. En este sueño hago zanjas junto con otro compañero, hacemos hoyos de medio metro de profundidad, llevamos haciendo eso por mucho tiempo.Sabemos que va a llegar un día fatídico. Ese día llega. Comenzamos a cavar, pala y pico, pico y pala. En una de esas acciones hemos pasado del medio metro, nos salimos de los cálculos, cada palazo en la tierra es una descarga de odio hacia nuestros capataces. ¿Hasta que profundidad llegaremos? Diez metros por lo menos. Sé que no moriré sin antes saber que significa este sueño.
Otra vez hora de comer, mi mujer anda por ahí merodeando en la cocina, seguramente que ya llegó de la plaza central, siempre que va al mercado se sienta en una de las bancas de la plaza. Le gusta observar a las palomas que viajan de un árbol a otro. Ahí está callada, sumida en sus pensamientos, como si estuviera seleccionando una historia; de las miles que tiene para contarme. Tal vez la idea de escribir sea un pretexto para pasar el tiempo y hacer que las horas circulen. Ni siquiera pienso en que algún día lleguen a publicarme y mi compañera sabe eso. En esta ocasión la miro como si fuera un varón; ella para mí ahora tiene cara de ser Gerardo, nada más y nada menos que el padre de la hija de Mabel y soldado de rango de Díaz. Escribo :
Los días no son muy claros, ni aún menos entran en la categoría de la tranquilidad para la hija de Mabel. El acné que tiene en la cara desde hace varios años viene de mal en peor y la frialdad y hermetismo en cuanto a los asuntos del padre se dejan sentir por cada rincón de la casa. ¿Por qué mi padre nunca ha querido saber de mí? Esa es la pregunta básica. Suelto la pluma, estoy cansado, mi esposa deduce algo en mi mirada, reyna el silencio, nadie se atreve a soltar una sola frase. Nunca le conté que mi padre murió cuando yo tenía dieciocho años, ni tampoco le dije que hace veinticinco años que no veo a mis siete hermanos. Es increíble pensar en el alejamiento entre seres de la misma sangre, son tantas años de por medio que lo primero que se le borra a uno son los rostros; también analizo lo sorprendente que resulta el tratar a tus amigos y vecinos como si fueran tus hermanos y padres. En cuanto a mi madre el único contacto que tenemos es por medio de la correspondencia. Por la mañana vino nuestro doctor de cabecera, el que nos atiende a mi mujer y a mí, me confirmó lo que ya sabía: Ella tiene alzheimer, yo no. Soy un tipo entrado en años que formula ideas extrañas, tiene manías agudas, se le agolpan los pensamientos y se siente a veces como aquel actor que se pone frente al espejo y habla en voz alta, No tengo empacho en decir que vivo hablando entre dientes, desde mi habitación hasta la cocina, Para mi simplemente una verdad es una mentira y viceversa, así de sencillo. Este pueblo poseedor de un diminuto cerro, se alimenta de una ficción avasallante. La cocinera de casa tiene otra historia para contarme: "Ella dice que le dijeron que esta guerra está dividida en varios bandos, se está convirtiendo en una lucha de clases, aclara la gente, que los pobres van a ser los menos beneficiados en todo este asunto. A veces cuando habla, ella luce coherente, es de una claridez absoluta, como una pompa de jabón; me cuesta creer que tenga ese terrible mal. Yo contrarresto el dolor, sé muy bien como ella puede apaciguar, aquietar su mente, y evitar que por algún despiste pueda sufrir un golpe o una caída. Hago que me lea, lee:
Mabel se casa por las dos leyes con el joven Gerardo; este, un año después, al saber que su mujer tiene tres meses de embarazo, decide dejarla. Gerardo vive quince años con su madre, después se enlista en la fuerzas del ejército, bajo el gobierno de Díaz. La profunda tristeza en la que está sumida Mabel, no es motivo para que la hermana cierre la boca. Cada nueve de agosto, día en el que la sobrina cumple años, la tía como si estuviera armando un cuento, narra episodios verídicos, reales sobre la vida del soldado en el fraccionamiento "la hacienda".Con pausas y de una manera única, año tras año, al abrigo de la desolación femenina, moldea con maestría la personalidad vagabunda del hombre hasta convertir sus relatos en hermosos diamantes y perlas preciosas. Una señorita de veinte años recibirá de primera mano, rasgos nítidos, claros, límpidos del tipo que por cobardía un día salió huyendo por una puerta.
Brillante, es así como la joven define la labor de su tía. La mujer del alzheimer se calla.
Son las cuatro de la mañana, me despierta el mismo sueño: Mi compañero y yo cavando sin cesar para la empresa constructora; siempre con la mirada permanente de los señores capataces; al principio me cuesta ver con pulcritud mi sueño eterno, pero más tarde logro concentrarme y alcanzo a ver como la zanja que estaba destinada a ser de medio metro se convirtió en algo parecido a una mina. No logro imaginarme, ni mucho menos meterme en la cabeza, como no pueden preveer los arquitectos e ingenieros y pensar en que tal vez a algunos de sus obreros se les pueda ir la mano en el uso de la pala y el pico, si continuo teniendo este sueño voy a acabar por convencerme de algo: El hombre vino a este mundo a cavar, tal vez a cavar su propio ideal de tumba. Otra vez hablo en voz alta, es una manía que será difícil de dejar.
Quiero mirar siempre a mi pueblo, Irapuato, lugar donde brincan las ranas, quiero verlo alegre y contento, y no sumido en la tristeza por la crisis económica. El País entero está en crisis , pero eso no es motivo para dejar de caminar hasta las faldas del cerro del piloncillo y después regresar a la casa con un par de lagartijas en el morral. Cuando mi esposa las este cocinando le contaré algunas ideas que me merodean por el cerebro; tengo pensamientos de odio e impotencia hacia lo que está a aconteciendo, sobre todo en el provecho que obtiene la iglesia.Los católicos de hoy en día están enloquecidos de poder político y no se augura nada bueno para nadie, yo no puedo mover un solo dedo, y sé que me afecta porque dejé de pensar en dios, y en todo lo que constituye la doctrina cristiana. Si no estás convertido al cristianismo es muy difícil que puedas incorporarte a una vida laboral dentro del estado.Cuando pienso así aumentan mis ganas de seguir inmiscuido en la ficción. La miro a ella, otra vez en la cocina como hace trescientos sesenta y cinco días y sólo alcanzo a ver: Figuras, personajes, escenas claras; tal vez sea una forma de hacerme el loco, de sentirme seco cerebralmente quemado por dentro, sin neuronas, y así ponerme a su altura, a la altura de su enfermedad. Cuando le vaticino a ella sobre el saldo que podrá arrojar la revolución, pone cara de espanto.¿Cuantos muertos van? Miles y miles. Solo se salvan mis manuscritos y junto con ellos, Mabel y los que la rodean. Mi mirada hacia mi esposa está llena de contradicciones, es una mirada muy introspectiva, como si quisiera traspasarla. Ella es mi alter ego, mi destino es idolatrarla ante cualquier cosa, sé que puedo ponerle el ropaje de quien sea.También, a veces la observo de otro modo, tratando de trabajarla a mi antojo, como si quisiera en ese mismo instante ponerle nombre y apellido distinto, diferente al suyo. La miro sobre todo pensando en lo que le contaron en la calle alguna vez. Quiero ordenar mis ideas como si estuviera ordenando un borrador, una escritura desdibujada y mal hecha.Me esfuerzo en relacionar al soldado Gerardo,padre de la chica,su hija y Mabel, la mitómana, con la historia del soldado, que con lujo de violencia violó a la anciana en presencia de la chiquita de seis años.Pienso en este caso que dicha actividad mental esté llena de vacuidad. Debo sentirme culpabe? No lo sé. Creo que ella intenta hacer paralelismos entre su enfermedad y mi cuestión literaria, eso es seguro. He descubierto un complot, una especie de traición hacia mí. Su mente es como una máquina de pensar; es posible que no quiera que termine la historia de Mabel, por algún motivo ajeno a mí, y a mí sicología; ella intenta que mi historia escrita quede fragamentada. Por cuestiones extrañas de la sique, trata de que todas las fotos y fichas de Mabel y su mundo queden esparcidas y desarregladas , como un rompecabezas inarmable. Esta empeñada en separar el tronco del cuerpo del discurso. Leo:
la vida fantástica de Mabel va en aumento; mitómana, esa es la palabra que la chica, hija del soldado Gerardo repite una y mil veces, lo repite como queriendo sacarse algún peso de encima. Según la tía, todo cabe en la categoría del mensaje, del signo; alguien sigue poniendo el dedo en la llaga. ¿Quién es Mabel en esos momentos, a esa altura de su vida?¿Qué significa ella para su hija y para su hermana? Mabel vive obsesionada con que tiene los gluteos flácidos y las tetas caídas. Cierro el cuaderno.
Debo confesar que estoy viviendo una vida analítica, he aprendido, por azahares del destino, a ponerle parches a todo, incluso a mi existencia. Si fuera médico ya hubiera cosido y descosido heridas por dentro y fuera de mí cuerpo. Es terrible pensar así, ya que pareciera que se mencionara al alma y al espíritu, como si se hablara de un par de neumáticos. Qué más se puede hacer si uno vive atormentado por los disparos de las bayonetas, a veces creo que en cualquier momento van a entrar los rebeldes por nuestra puerta sin permiso. La guerra y mi sueño de la cavación son las dos cosas que más me afectan, el alzheimer de mi mujer se que se puede sobrellevar. Pero mi sueño y la mina, la mina interminable, la mina profunda y oscura, tan tenebrosa como un corazón que late ; hacen que me invada un terror escalofriante. Hoy por la mañana llegó un muchacho a la casa, parece ser que Obregón perdió uno de los brazos en la última batalla que tuvo en Celaya.¿ Será que podremos tener alguna buena noticia , mi mujer y yo? Cabe mucho la posibilidad de que así suceda, y quiero que eso ocurra; es cuestión de tiempo, no largo, si no corto tiempo y tiene que ver con lo más íntimo y personal de uno mismo. Se trata de la felicidad que traen consigo los lazos sanguíneos. No es difícil descartar la idea de que la respiración se agite, al saber que estamos próximos por encontrarnos con un hermano a quién no se le ha visto por mucho tiempo. Yo sé que el caso del general Obregón, es un caso lamentable, pero como siempre he dicho, todo eso no es motivo para frenar el deseo de ser feliz, aunque sea por un periodo corto. Por la tarde, me acerco a hurtadillas a la cocina, quiero que mi esposa no note mi presencia. Esta es una ocasión importante y atrevida a la vez. La miro de espaldas como casi todos los días. Imagino fuertemente la empresa en la que me estoy moviendo, lleva severas complicaciones, pero sé que saldré airoso. Ahora la convierto en Bruno. Repito casi todo en voz alta, no tengo miedo de que ella me escuche; no importa ya que a la historia y a la vida de Mabel, su hija y la hermana, ha llegado un personaje nuevo, y no menos importante. Después de comer las lagartijas, ella toma la carpeta y leé:
Bruno, Profesor de baile de salón, quién sufre depresión crónica, enamora desde hace años a Mabel; quizá este personaje de cincuenta años que vivió durante mucho tiempo en los Estados Unidos sea el último eslabón de toda una cadena de acontecimientos extraños. El profesor enseña e instruye durante años, ya sea por debilidad o por la fuerza de la vida, lo que significa la palabra mitómano a Mabel. Pero entonces cual es la mentira y cual es la verdad, o es que todo está entrelazado.
La mujer del alzheimer se calla; me parece que el leer en voz alta, comienza ya aburrirle, o es otro revés hacia la literatura, hacia lo escrito. Es raro que no me haya saltado con alguna historia de la calle y de la revolución. Hasta aquí podría acabar mi historia, mi relato, mi forma de enfrentarme a esta lucha. Tal vez el dejar trunco el discurso sobre Mabel haga que me declare vacío por dentro y así poder decir que soy incapaz de continuar desmitificando a esta causa social. Negar entonces esta veraz revolución, es negar por así decirlo todo lo que llevo escrito. Voy al armario, saco una hoja, escribo:
Durante veinte años, la hermana de Mabel se dedicó a desprestigiar al padre de su sobrina. Bruno, nuestro querido profesor de baile, durante ese mismo lapso de tiempo le inventa a Mabel una procedencia nueva. La mujer no nace en Dolores Hidalgo, dentro del estado de Guanajuato, tal y como lo dicta su acta de nacimiento, Bruno le hace creer a base de cuentos, que ella no es mexicana y mucho menos guanajuatense. Mabel se pone vestidos con tiras de encaje en el cuello y en los puños, sale a la calle sintiéndose princesa persa, aclarando a cada persona que se encuentra a su paso, que México no es su patria; creé como una tonta en las palabras de Bruno y hace llamar a Guanajuato, "patria grande". La tierra donde las plantas de sus pies están ubicadas será su patria grande. ¿Y entonces que ha sido Bruno para la hija de Mabel, para la chica olvidada por su padre? En todo caso Bruno fue una figura paterna de poderosa energía y fuerza. Para las tres mujeres, el profesor de baile y amigo de la familia fue también, como se mencionó antes, un excelente cuentista, un gran fabulador. Contaba tan bien, cuentos de futbolistas con discapacitación como narraciones de mineros; sólo que él sabía que después de toda narración oral animosamente interpretada, lo único que tenía que prevaleecer: Era la cordura; cuestión que Mabel nunca entendió: Dejo de escribir. Hasta aquí, si me ayuda la memoria puedo establecer una relación entre los cuentos de mineros que Bruno le contaba a Mabel y mi sueño continuo de la mina.¿Y el compañero? ¿Quién es ese amigo que en mi sueño me ayuda a cavar? Es como si fuera yo, pero de distinto color y distinta estatura, incluso hasta diferente complexión; soy yo y otro cuerpo más, soy yo con otra fuerza y otra energía, las que yo siempre quize tener. La fuerza y la energía de un hombre que pesa y siente diferente a mí. Ese compañero que me ayuda a cavar en mi sueño, a cavar, no una zanja de metro y medio de profundidad, si no una mina profunda y oscura deduzco que es el hombre rudo y fuerte que siempre quize ser, y no el remedo de escritor que soy. En cuanto al soldado que violó a la nana de la niña de seis años, me atrevería a decir que es un reflejo de la crisis general en la que estamos sumidos. No creo que tenga nada que ver este soldado violador, con Gerardo, el padre de la hija de Mabel. Debo admitir que soy humano, tengo que reconocer que no soy omnipotente; a veces tengo que recurrir a historias que me cuenta mi mujer; historias de gente afectada por esta guerra.
martes, 26 de agosto de 2008
terreno arriba y abajo/poesía
Como en el mundo de abajo
varias nubes de familia
están unidas por moléculas
padre madre átomo
y espacio conviven en la
bóveda
otras, están globalizadas
son distintas y rebeldes
como pareja de la aldea
cambiarán de color
alargando sus tendones
elásticas
su vida de arriba
en forma de lluvia
se hará tan terrenal
como un divorcio humano.
a eugenia
No había llorado
apenas los ojos húmedos
como en el teatro.
Ese pequeño valle ahí
y tu cuerpo.
Conozco esas tierras
sólo que a travéz de ti
es como si te hubieras
comido un paisito
con ríos,arboles cortos
y lagunas poco visibles.
Siento la garganta seca
hay tanta agua
y yo tengo ganas
de llorar en serio.
RAPIDEZ
Cuarenta noches dentro de cuarenta rostros
o mejor dicho años
Suscribirse a:
Entradas (Atom)